Nuestra junta familiar

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Part of El Misionero

Title
Nuestra junta familiar
Language
Spanish
Year
1934
Rights
In Copyright - Educational Use Permitted
Abstract
Title translation: Our family meeting
Fulltext
Ut Omnu UnumSlAt Queridísimos Hermanos. No pocos Católicos Filipinos han atravesado los mares y océanos durante el Año Santo para visitar la ciudad eterna y sin duda ninguna han traído del Centro de la Cristianidad las impresiones más vivas y profundas cuales ningún acontecimiento en su vida entera haya jamás podido grabar en su corazón y que nunca se borrarán de su alma. En Roma han admirado la influencia y el poder de la Santa Iglesia que al v~cer el paganismo ha convertido sus templos supersticiosos en sagrarios-magníficos del Señor y ha retorcido el bronce del Panteón en un arco inmenso de triunfo por encima de las tumbas de San Pedro y San Pablo. En Roma han aprendido cómo la Iglesia ha sido siempre por los siglos la protectora generosa de todo lo que significa arte o pertenece a la ciencia; todo lo que el talento humano jamás haya producido en el dominio de los traba~ jos mosáicos, de la escultura, de la arquitectura y de la música, se 89 NUESTRA JUNTA FAMILIAR ha usado en el adorno de la casa del Creador entre sus criaturas. En Roma, debajo de la cúpula gigantesca de San Pedro, han visto llevado por encima de las incontables cabezas de las muchedumbres, al representante de Cristo, vestido de sus insignias reales y coronado de la tiara, pasando por la basílica espaciosa. Y cuando profundamente impresionados, han recibido la bendición del Santo ·Padre, entonces se han unido a los miles de peregrinos de todas las Naciones saludando a su Padre común del género Católico saludándole con todo su corazón y gritando: "Viva el Papa." En aquel momento i;nás que nunca han sentido toda la dicha de pertenecer a la Santa Iglesia Católica. Todos nuestros peregrinos de Filipinas han vuelto de Roma más fervorosos y más fieles hijos de la gran Madre, más adheridos a la Santa Fe de los Apóstoles, porque en la ciudad eterna han estudiado una lección que nunca jamás se pueda olvidar. Cuando visitaban los muchos Nuestra residenéia: Coni.Jento, Baguio. 90 sal)tuarios, se han instruido del sincero aprecio de los primeros Cristianos por su Santa Fe. De veras, en Roma, hasta las piedras de las calles y hasta las paredes de los edificios hablan un idioma que aun los más humildes comprenden y enseñan cómo los Apóstoles y sus discípulos han sacrificado su todo y hasta su vida para guardar el don sobrenatural de la Fe, para defender la Divina enseñanza y propagarla entre los paganos. Nuestros peregrinos al poner los pies en el foro inmenso y en la prisión Mamertina, han saludado con emoción la columna a la cual San :Pedro estaba amarrado mientras esperaba su conducción a la colina Vaticana donde igual que su Maestro murió en la Cruz. Se les ha mostrado en uno de los distritos más antiguos otra prisión donde fué detenido San Pablo y en donde escribió su grandioso desafío; "verbum Dei non est alligatum"-"la palabra de Dios no está sujeta por ningún lazo," y desde donde fué conducido a la "via Ostia" para confirmar con su sangre la verdad que predicaba. En otro distrito de la ciudad, al otro lado del río Tiber, se levanta Ia iglesia de Santa Cecilia; en uno de sus altares laterales se vé el baño en el cual los verdugos han tratado de ejecutar a la amable Santa. Allí se vé la piedra sobre la cual sus perseguidores querían decapitarla; había convencido asu esposo con el hermano de él a abrazar la Fe Cristiana y más bien por este acto de proselitismo que por su crimen de "ser Cristiana" fué condenada a sacrificar su vida. En el •Palatino nuestros peregrinos han pisado donde San Sebastián, un soldado bizarro, por haberse atrevido sin miedo a proclamarse Cristiano, fué atravesado con las flechas homicidas de su general y emperador Diocleciano. Los frescos en las paredes de la iglesia subterranea de San Clemente indican de una manera sencilla y conmovedora cómo este Santo Papa fué lanzado a las olas del mar para poner fin a su santo celo de propagar nuestra Fe. Casi en el centro de la iglesia de San Juan y San Pablo uno se detiene ante el cerco de hierro que rodea el sitio donde estos dos soldados de Cristo repartieron su dinero y sus bienes entre los pobres "para estar más libres en el camino que conduce a Dios," y donde fueron asesinados por orden del iemperador Juliano. En la igles,ia de Santa María, al otro lado del Tiber, uno puede tocar con las manos las enormes piedras redondas que se colgaron al cuello de los Cristianos antes de echar en las aguas del río estas víctimas del odio diabólico contra Cristo. En la iglesia llamada "la Rotonda de San Esteban" se ven en las paredes varias series de frescos representando los varios métodos con que fueron martirizados los primeros heroes de la Fe Cristiana durante la historia sangrienta de la Iglesia, y uno no se asombra a Acordáos de las Misiones en 'VUestros ofrecimientos diarios la vista de las ma,<lres que vienen a este sitio para enseñar a sus hijos la historia eclesiástica, porque estas lecciones son vivas y prácticas inspira.das por el panorama del heroismo Cristiano que aquí se observa. Pero al acercarse uno al Coliseo y a las Catacumbas, quizás se apróxima uno más aun a la real~dad de la grandeza y del heroismo de los Cristianos .de las primeras épocas: el Coliseo, en el cual miles de Cristianos han s\do hechos pedazos y saboreados por los <lientes de las fieras sin poder apagar la sed sanguinaria ,de los Romanos paganos y por eso corrompidos. Las Catacumbas: en las cuales las manos de algunos hermanos caritativos han piadosamente depositado los restos sangrientos de los mártires o lo que de ellos sobraba después dela horrible matanza. La arena de Roma está saturada con la sangre de mártires, llamando no la venganza del cielo sino la bendición celestial y la imitación: "sanguis martyrum, semen Christianorum"-"la sangre de los mártires es la semilla de Cristianos." Queridísimos Hermanos, escuchemos con devoción la lección de los Mártires. Sin duda ninguna, nosotros Cristianos del XX .siglo, debemos defender nuestra Santa Fe contra los asaltos de los enemigos eternos de Dios. Hace poco, nuestro Santo Padre dijo: "los que 1se atrevan a combatir y a trabajar contra la inmoralidad moderna, sufren una especie de Ql martírio." Sin embargo no soy de opinión que en nuestras Islas Filipinas debemos temer una persecución contra la Iglesia de Cristo tal como en estos días reina en los estados de Rusia y Méjico. Hasta ahora no se nos llama a sacrificar en el altar de la Fe nuestros bienes, nuestro honor y nuestras más legítimas afecciones. Hemos recibido el don de la Santa Fe sin el menor mérito de nuestra parte. De::iide nuestra primera niñez, nuestros padres nos han protegido en medio .del tesoro más rico de nuestra alma, y se nos han facilitado todos los medios más eficaces para aumentar y guardar nuestro caudal más precioso. En verdad, poco hemos hecho porque poco se exigía de nuestra parte para lograr, y guardar la Fe. 'Pero el solo hecho de que no hemos sufrido para conquistar y retenerla quizás es una de las razones del poco aprecio de algunos. Por eso, estudiemos la lección de los mártires con más anhelo aplicándola a nuestro modo de vivir. La Fe es el don más precioso que nos viene de Dios: "un don" en cuya comparación todos los demás tesoros no son más que vanas sombras; "un ~on" que solo da valor real a la vida humana y sin el cual se pierde la razón de la existencia del hombre; "un don" que procura a su posesor la mayor felicidad y deja en las tinieblas más negras al individuo que carece de él; "un don" que Ayuda a los pobres Igorrotes 92 para lograrle uno de buena gana sacrifica · cualquiera cosa y_ del cual ni la pobreza, ni la persecución ni el martirio puede despojar a su dueño; "un don" que el Cristiano siempre desea procurar a otros, aúnque su celo le lleve ante los tribunales de un perseguidor y su cabeza 1debajo de la hacha del verdugo. Apliquémonos la lección de los mártires. Gracias a Dios los Caperstición. El fervor ardiente de los Mártires debe ser nuestro y consumirnos hasta que venga el momento en que nuestra labor se termine en este mundo. Si durante el tiempo en que los privilegios del Año Santo se extienden a todos, nos convencemos más y más del valor ilimitado de nuestra Santa Fe y por consiguiente apreciamos más y más este don Divino, entonces para nosotros es El Santo Papa Pio XI bendiciendo el nuevo Palacio de la Sociedad para la Propagación de la Fe. tólicos felices de la Perla del Oriente nunca han sufrido alguna persecu:::ión por su Fe. ¡Ojalá nunca se perturben estas playas de paz y tranquilidad! Pero sabedores del valor inmenso de la Fe, imitemos a los Mártires en su celo de propagar las enseñanzas Divinas entre los que aun están sentados en las tinieblas de la suun •deber de gratitud a Cristo muriendo en la Cruz por nuestra salvación, de cooperar con el Redentor en la extensión universal de los mértitos del Salvador. Si queremos ser !dignos de nuestros hermanos en la Fe, los Mártires de los tiempos de las Catacumbas, entonces para nosotros es una obligación sagrada de ayudar con Hacedlo por amor de Cristo 1mestras plegarias y limosnas a tos Misioneros que llevan el Evangelio, "la buena nueva" a los que desgraciadamente están envueltos en las tinieblas del paganismo, y es una obligación tanto más santa que aquí mismo en nuestl"O país tenemos aiun una Provincia Montañosa con unos 340,000 habitantes sin la luz del cielo y sin el "don" Divino de la Fe. Quien queda indiferente a la obra misionera en el mundo, niega el Testamento de la Cruz y menosprecia la lección de los millones de Mártires; quien queda indiferente a esta obra en su patria parece no comprender el verdadero patriotismo. Quien ruega por los Misioneros y se muestre generoso en proveerles con los meldios necesarios a la obra de salvación, demuestra que es un ilustre descendiente de los Mártires· gloriosos que 1 derramaron su sangre dejándonos la Fe para que creyendo podamos nosotros gozar con ellos de la victoria de la muerte de 93 Cristo y que será para siempre la nuestra en la gloria. La lección que nos procuran los Mártires indica el grito de combate de "Nuestra Junta Familiar" :UT OMNES UNUM SINT. Queridísimos Hermanos, manos a la obra, lanzémonos con todo la fuerza de nuestra unión a la conquista de la Provincia Montañosa .y del mundo pagano, arrancando tQdo a las garras del demonio para entregarlo a Cristo, nuestro Rey y Padre. Quien se queda atrás es indigno de El. Adelante .pues, y siempre l~delante ... hasta que fa oración 1del Señor en la última Cena se verifique plenamen.té: "Padre, para que todos estén unidos como Y o en Tí y Tu en Mí." Que Jesús y nuestro Padre en el cielo os bendigan abundantemente y os guarden siempre en .Su santa guarda. - Fraternalmente suyo en Jesús, nuestro Padre y Rey. José De Samber. ---~--Si se presenta una oportunidad de promover el honor de Dios, no nos con ten ternos con dejarla a otros de hacerlo, pero si se puede, tomemos parte activa en la acción, según el ejemplo de Santa María Magdalena quien, no satisfecha con ver a San José de Arimate~ ungiendo el cuerpo de Jesús, también quiso rendir este honor a las sagradas reliquias del Salvador. ---~+--Con la esperanza de ganar almas a Cristo, muchos han abandonado sus hogares más cómodos y han quebrado los lazos más queridos para ir muy lejos y consagrarse generosamente a los pobres paganos abandonados. El mundo considera a estos misioneros como necios, pero, como lo dice el autor de la vida de Justo de Bretenieres: ¡Ojalá hubiera más de estos necios por el Señor!" Dios premia la generosidad