La causa diferencial

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Title
La causa diferencial
Language
Spanish
Source
Semana Volume IV (Issue No. 84) Julio 1950
Year
1950
Rights
In Copyright - Educational Use Permitted
Fulltext
EDITORIALES LA CAUSA DIFERENCIAL —oOo----LO QUE HACE FALTA ------oOo— Según declaraciones atribuidas a un oficial norteamerica, que pretende conocer el estado de cosas de Corea, por haber residido allí, uno de los motivos por los cuales viene resultando mucho mayor de lo que se preveía y esperaba, el esfuerzo armado de los Estados Unidos por hacer efectiva la ‘acción policial’ de las Naciones Unidas en dicha penínsu­ la, asiática, es el hecho de la falta de. voluntad de pelear de los propios coreanos republicanos o del sur. Y aun llega a decir que éstos no son dignos de fiar, porque se inclinan a ayudar, ocultamente, a sus paisanos del norte. Como razón de tal actitud, alega los largos años que han estado bajo la dominación japonesa, cuya influencia ha hecho que los co­ reanos se adapten más a un régimen estrecho de dictadura, como el establecido por el Comunismo soviético en la parte norte de la península,, que a un régimen democrático como el iniciado en el sur por los Estados Unidos bajo los auspi­ cios de las Naciones Unidas. Para los que estamos en Filipinas, el acierto de esas ma­ nifestaciones fácilmente salta a la vista a poco de someterlas a la debida reflexión y recordando la actitud del pueblo fi­ lipino en ocasiones memorables de su vida nacional. En primer lugar tenemos el hecho de que al cabo de casi cuatro siglos de influencia hispana, cuando llegó el mo­ mento de que se manifestara el nacionalismo filipino eman­ cipándose de la sobranía de España, adoptó la forma democi ático-republicana formulando una constitución totalmen­ te inspirada en los principios prevalecientes en el mundo ci­ vilizado occidental, en vez de adoptar un régimen semejante a cualquiera de los que entonces prevalecían en los países in­ dependientes, más o menos en realidad, de este Extremo Oriente; regímenes preponderantemente monárquico-absolu­ tistas, conformé a su tradición histórica. Otra vez, cuando en la última guerra mundial, el pue­ blo filipino se vio ante el trance de escoger entre dos ideolo­ gías, abrazó la democrática, aunque la otra iba del brazo de una invocación racial; y la abrazó de tal modo que por ella vertió la sangre a raudales y hasta entregó la vida de tantos miles y miles de sus jóvenes patriotas, escribiendo así una de las páginas más verdaderamente gloriosas de su historia. De estos hechos creemos que lógicamente se deduce una verdad que acaso cuenta de ella: lo singular de la posición de Filipinas en esta parte del globo en la contienda universal ideológica que se viene desarrollando en el momento actual; singularidad que es fruto de la cultura cristiana que Espa­ ña sembró y cultivó con maternal celo en los siglos de convi­ vencia entre filipinos y españoles. Gracias a esa cultura, el La observación hecha por el académico señor Abad, respecto a que la ley que autoriza la enseñanza del castellana en las escuelas superiores de las Islas, como una de láa asignaturas requeridas, ha producido un grande entusiasnyj entre la juventud por aprender el idioma, siquiera por md| tivos no idealísticos, es sin duda atinada. Tal entusiasmo¿É tal aprendizaje, sin embargo, no los consideran algunos coflie garantía de la difusión y permanencia del castellano en Fi­ lipinas. Nosotros no participamos de este pesimismo. Como y» en otra ocasión manifestamos, el idioma español tiene ariái| go en las Islas de tal manera que mientras haya filipi^tl habrá quienes aquí lo hablen, sean muchos o pocos. Lo que no puede asegurarse, a juzgar por los actuales indicios, es la supervivencia de la manifestación literaria fi­ lipina en castellano. Se observa, por ejemplo, que entre miembros de una fa­ milia donde se habla el castellano, en cuanto tienen que va­ lerse de la escritura para comunicarse, emplean otra lengu<s. Por esto, no es inverosímil lo que un articulista de La Pr'&^ sa de Cebú refiere. Dice que el abnegado director de dic^ periódico está buscando un redactor y no lo acaba de ene»® trar. Realmente escasean los jóvenes que escriban siquiei^S con relativa corrección el castellano, Y es esto principalme'ál te lo que debe procurarse: alentar al mayor número posibl| de jóvenes filipinos a que utilicen el español en sus prodi ciones literarias. Los institutos y academias de español que existen i hieran, en nuestra opinión, prestar atención especial a é necesidad. Es preciso que haya jóvenes filipinos que op< tunamente cubran el puesto que vayan dejando entre -fi filas los escritores en castellano, a’fin de que ño venga día en que se diga que ya no existe el idioma español en pinas porque no hay quien lo escriba. pueblo filipino piensa y siente con las democracias, pero un modo que diríamos espontáneo y natural, porque los pria cipios cristianos forman los glóbulos rojos que circulan sus arterias nacionales. Lo que importa, pues, en nuesta opinión, en estas circunstancias críticas, es aumentar y fM talecer esos glóbulos fomentando la verdadera cultura filiff na, que tiene su raíz en la obra secular de España en esta Islas. [4]